sábado, 4 de mayo de 2013

LA INTERCULTURALIDAD DEMOCRÁTICA



Por Moisés Gómez Cortez
Centro Universitario de Occidente



El aparecimiento del capitalismo y el Estado moderno con su proyecto de sociedad, entra en conflicto con la diversidad cultural existente en las sociedades, ya que requería que  toda persona se integrara homogéneamente.
El colonialismo trazó fronteras y construyó Estados sin tomar en cuenta elementos culturales de la población e implementó grupos dominantes –en la mayoría de casos, extranjeros- ejecutantes en las políticas de colonización. En el contexto de lo moderno, las diferencias culturales han sido constantemente un referente de conflictos relacionados con la distribución de los recursos. En varios Estados se han utilizado ideologías de carácter racista para excluir a ciertos grupos sobre la base del color, sus elementos culturales y rasgos físicos, lo que ha conducido forzosamente a desplazamientos de poblaciones y asesinatos masivos.
La cultura moderna se refiere a la cultura occidental, eurocentrista y/o estadounicentrista que en la mayoría de los casos choca con las culturas locales que tienen su forma particular de entender la vida y esencialmente la forma de manejar los recursos. Lo occidental genera tendencias homogenizantes reduciendo espacio para la permanencia de identidades étnicas. La globalización en lo económico y cultural tiende a reducirla a lo folklórico, materializándolo por medio de las empresas transnacionales y los medios electrónicos de comunicación masiva sin consideración de lo étnico. Sin embargo, también se pueden observar aspectos inversos, donde el avance tecnológico en la información provee a los grupos étnicos redes culturales que contribuyen a revitalizar sus lazos culturales y renovar sus expresiones.
Veamos entonces cuáles son  los fundamentos teóricos de la interculturalidad.
Inicialmente como lo plantea Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo por medio del Informe Nacional De Desarrollo Humano (2005), Diversidad étnico-cultural: La ciudadanía en un Estado plural, las distintas vertientes de análisis sobre la etnicidad, indica que desde la mitad del siglo veinte se pueden identificar tres enfoques conceptuales sobre el tema. Sin embargo, antes de abordarlos en conveniente intentar comprender el concepto de etnicidad. En el recuadro No. 1.2 de dicho informe se lee lo siguiente:
“La primera vez que se registra el uso del término “etnicidad” es en 1953, por parte del sociólogo norteamericano David Reisman. No obstante el término “étnico” es mucho más antiguo; deriva de la voz griega “ethnos” –que a su vez se deriva  del término ethnicus-, que originalmente significaba “pagano”. En el idioma inglés fue empleado de una manera desde la mitad del siglo XIV hasta la mitad del siglo XIX, cuando gradualmente comenzó a hacer referencia a características raciales. En los Estados unidos de Norteamérica, alrededor de la segunda guerra mundial “étnico” fue usado como un término para referirse cortésmente a los judíos, italianos, irlandeses y a otras poblaciones consideradas inferiores a los grupos dominantes de ascendencia británica. Desde la década de  1960, tanto los términos “étnico” como “etnicidad” fueron acuñados por la antropología social anglosajona. Sin embargo, ambos tienen múltiples acepciones que no siempre son definidas con claridad al utilizarlos. En todo caso, casi todos concuerdan en que la etnicidad tiene algo que ver con la clasificación de poblaciones y las relaciones entre grupos. En la antropología social, se refiere a aspectos de las relaciones entre grupos que se consideran a sí mismos, y son considerados por otros, como culturalmente distintos. Si bien es cierto que el discurso relativo a la etnicidad tiende a concentrarse en unidades subnacionales y/o en minorías, las mayorías y los grupos dominantes, no por ello son menos “étnicas”.
Entonces lo  de “grupo étnico” y “relaciones étnicas” se refiere a las relaciones entre grupos, definidas por el parentesco, la solidaridad y una cultura. Sin que haya consenso en alguna definición. Sin embargo, hay cierto acuerdo en que los grupos étnicos generalmente presentan, en grados diversos, algunos rasgos que los caracterizan:
·         Un nombre propio, que identifica y expresa la “esencia” de la comunidad que denomina.
·         Un mito acerca de la existencia de un ancestro común, e incluye la idea de un origen común en tiempo y lugar que le da al grupo un sentido de parentesco y de pertenencia a “una familia mayor”.
·         Una memoria histórica compartida, o memorias compartidas de un pasado común, incluyendo héroes, eventos y su conmemoración.
·         Uno o más elementos de una cultura común. Que no necesita ser especificada pero que incluye generalmente a la espiritualidad, las costumbre, tradiciones y el idioma.
·         Un vínculo con  una tierra natal/ancestral aunque no necesariamente implica ocupación física; es suficiente la conciencia del vínculo simbólico con ella.
·         Un sentido de solidaridad de parte, cuando menos, de algunos segmentos de su población.
Ahora si veamos el tratamiento teórico inicial en relación a los grupos étnicos. El primer enfoque recoge aquellos planteamientos basados en el paradigma de la modernidad, pretendían negar que la existencia de grupos étnicamente diferenciados fuera una realidad a estudiar, no se estudió la diferencia étnica como tal, pero si a los diferenciados. Y tiene que ver con la idea de la nación y propone que hay una tendencia inevitable hacia la homogeneidad cultural dentro de los colectivos nacional-estatales, que los americanos llamaron “melting pot” una política de asimilación cultural. Una variante en América Latina fue el indigenismo que consistía en dejar su propia cultura para asumir la dominante.  La creencia de que los diferenciados dejan sus raíces culturales para fundirse en una nueva cultura.
Otra expresión de este enfoque, es la que niega o reduce a su mínima expresión lo étnico, se ubica en ciertas versiones de la teoría marxista. La división por clases sociales era la que se consideraba en el ordenamiento social. La diversidad cultural era un remanente de conformaciones sociales pre-capitalistas, considerada como parte de la identidad de clase, por lo que, los grupos étnicos eran considerados colectivos campesinos.
En los años sesentas del siglo veinte fue haciéndose notorio que los grupos étnicos no desaparecían ni en la nación ni en las clases sociales, es más, en su presencia se evidenciaba la diferencia. De esa cuenta surgen otras interpretaciones de carácter utilitarista, desarrollando la idea que lo étnico funcionaba como un recurso, normalmente mientras se daba la total absorción a la modernidad. Esto mostraba como la identidad étnica finalmente era un recurso que se abandonaba cuando ya no era útil.
En los años ochentas del siglo veinte diversas circunstancias hicieron cambiar los enfoques sobre la etnicidad porque los grupos étnicamente definidos no desaparecieron, es más, se fueron convirtiendo en actores políticos. Y por otro lado, las migraciones transnacionales  y el aumento del consumo global, hacen obsoleta la vinculación directa entre territorio, sociedad y cultura; bases del pensamiento modernista. Por lo que, la etnicidad pasa de ser considerada como una desviación de lo homogeneizador que anticipaba el modelo de la modernidad, a ser algo connatural de la vida social de este mundo global, o como dice Ángel Pérez (2006:23) es muy difícil ya que las sociedades sean monoculturales, que una sociedad se identifique con una sola cultura y viceversa. Aquí es donde surge entonces el tercer enfoque, reconociendo que en las sociedades hay diversidad cultural y que algunos  llaman multiculturalismo, que retorna la cultura como un elemento definidor del grupo y de la identidad. En esta línea están los estudios culturales que se han realizado  en las universidades estadounidenses. Del multiculturalismo a la construcción de la interculturalidad.
Como dice Dietz, G. (2003) citado en el informe Nacional de Desarrollo Humano (2005), el multiculturalismo como doctrina política se origina en las transformaciones ideológicas que se gestaron en los años sesentas en Estados Unidos y Canadá, y se ampliaron a Europa en los años setentas u ochentas, buscando hallar una salida política a la creciente diversidad étnica, cultural y de orígenes de las sociedades post-industriales. Veamos los fundamentos teóricos de este enfoque.

EL PLURALISMO CULTURAL

Como se ha mencionado antes, los enfoques de pensamiento consideraban la diversidad cultural un problema, que implicaba otorgarle un carácter de inferior o superior a los diferentes grupos, asignando generalmente a los colonizadores el carácter de superioridad y a los sometidos el de inferioridad. El pluralismo cultural es distinto, no clasifica las culturas en inferiores ni superiores y no busca la homogeneidad cultural, según  Giménez, Carlos y Malgesini, Graciela (2000) el pluralismo cultural es aquella ideología o modelo de organización social que afirma la posibilidad de convivir armoniosamente en sociedades, grupos o comunidades étnica, cultural, religiosa o lingüísticamente diferentes. A diferencia de otros modelos, el pluralismo cultural valora positivamente la diversidad sociocultural y toma como punto de partida que ningún grupo tiene por qué perder su cultura o identidad propia.
Además estos autores indican que los orígenes del planteamiento del pluralismo cultural  se encuentran en Europa y en los Estados Unidos, surge como resultado de diversas reflexiones críticas sobre los fracasos de las políticas de homogenización que se desarrollaron en esas regiones, concretamente podría destacarse 1) los fracasos de los modelos asimilacionista y de melting pot; 2) la conciencia de lo que podríamos llamar persistencia étnica, esto es, la constatación por estudiosos y “líderes de opinión” de que, en contra de algunas predicciones procedentes tanto del liberalismo como el marxismo, la etnicidad y la distintividad cultural no han perdido presencia en el mundo contemporáneo sino todo lo contrario; 3) la formación en los países receptores de inmigración, de nuevas comunidades étnicamente diferenciadas de nuevas minorías.
El pluralismo cultural ha generado dos propuestas importantes que surgieron a finales del siglo veinte y principios del siglo veintiuno. En primera instancia la multiculturalidad o multiculturalismo y en segunda instancia la interculturalidad o interculturalismo.

LA MULTICULTURALIDAD O MULTICULTURALISMO

Las palabras, los conceptos deberían de ayudar a explicarnos de mejor manera el contexto, para entendernos, entender al “otro”, y crear una sociedad más amable  y no para generar confusión.
Para diferenciar la multiculturalidad del multiculturalismo nos basaremos en lo que plantea Pulido Moyano, Rafael (2010:25):
“Muchas palabras que acaban del sufijo “-ismo” normalmente indican movimientos ideológicos, teorías, discursos o formas de intervención acerca de alguna realidad social, ya se trate de política (por ejemplo, el liberalismo), arte (por ejemplo, el impresionismo), ciencia (por ejemplo, el cognitivismo) o cualquier otra parcela de la actividad humana. El término multiculturalismo, en este sentido, no es una excepción. Con él nos referimos a varias corrientes de pensamiento de límites poco precisos. Ahora bien, ¿pensamiento acerca de qué? Podríamos responder diciendo que se trata de un pensamiento acerca de lo multicultural o cerca de la multiculturalidad. Tanto si usamos el neutro “lo” como si optamos por el sufijo “-idad”. Parece que nos referimos, a algo que existe en el mundo que nos rodea y que percibimos. De este modo, lo multicultural o la multiculturalidad son presentados ante nosotros como algo que está ahí. Como un estado cosas que existen, que están vigentes en nuestra realidad social inmediata.”  
Entonces, multiculturalismo se utiliza para referirse al discurso teórico sobre el tratamiento de la circunstancia contextual dada y multiculturalidad se entendería a las situaciones sociales  complejas. Sin embargo el autor europeo Lamo de Espinosa citado por Pulido Moyano, Rafael (id.), utiliza el término multiculturalismo para referirse tanto al discurso teórico o proyecto acerca de la situación social dada como al hecho (a la propia situación social). En todo caso es importante tener claro cuando los autores marcan diferencia de los términos y cuando no.
En líneas generales podemos decir que una sociedad es multicultural cuando en ella conviven grupos portadores de diferentes culturas que tienen sus propias visiones de mundo, que profesan espiritualidades distintas, que hablan idiomas diferentes. Toda sociedad complicada es una sociedad multicultural
La multiculturalidad como propuesta de organización social y política tiene sus orígenes en los Estados unidos y Canadá en los años sesentas y se ampliaron a Europa en los años setentas y ochentas, buscando una salida política a la creciente diversidad étnica, cultural y de orígenes de las sociedades postindustriales. Y tal como lo plantea el Informe Nacional de desarrollo Humano (2005) el multiculturalismo llega a su madurez:
“El multiculturalismo llega a su maduración en la década de los noventa del siglo XX y se basa en el argumento de que se puede regir la diversidad bajo un liberalismo que reconozca los derechos colectivos además de los individuales el planteamiento de ciudadanía multicultural de Will Kynmlicka se centra en el análisis de las cuestiones relacionadas a las minorías nacionales y los grupos étnicos, “que han sido marginados dentro de su propia sociedad nacional o de su grupo étnico”. Se plantean tres tipos de ciudadanía diferenciada que ayudan a proteger a una minoría del poder económico o político de la sociedad en la que están englobados:
v Los derechos especiales de representación para un grupo dentro de las instituciones políticas del conjunto de la sociedad, que hacen menos probable que una minoría nacional o étnica sea ignorada en decisiones que afectan globalmente al país.
v Los derechos de autogobierno, que confieren poderes a unidades políticas más pequeñas de manera que una minoría nacional no puede ser desestimada o sobrestimada por la mayoría en decisiones que son de particular importancia para su cultura como las cuestiones de educación, inmigración, desarrollo de recursos, lengua y derecho familiar.
v Los derechos poliétnicos, que protegen prácticas religiosas y culturales específicas que podrían no estar adecuadamente apoyadas mediante el mercado (por ejemplo, subvencionando programas que fomenten las lenguas y el arte de los grupos), o que están en desventaja (muchas veces inintencionadamente) en la legislación vigente (por ejemplo, las exenciones a la legislación de cierre dominical o pautas indumentarias que entran en conflicto con creencias religiosas)”.
Estas ideas vienen de dos experiencias concretas, una es el contexto estadounidense, se dirige a la población inmigrante,  ante el fracaso de la política del –melting pot- se inclina por aceptar la existencia de otras culturas fomentando la participación política desde sus identidades diferenciadas.
En el contexto europeo surge al reconocer la existencia de pueblos que ocupan territorios concretos, con historia e identidades propias que reclaman reconocimiento político.
En América Latina,   el multiculturalismo va tomando sentido cuando la lucha de los indígenas demanda una serie de derechos, queriendo transformar el contexto colonial en que se vive, dichas peticiones tuvieron eco y fueron reconocidos por Naciones Unidas por medio del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, reconociendo su existencia y su cultura.
En Guatemala, en el contexto de finalización del conflicto armado y los Acuerdos de Paz, surge el Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas –AIDPI-, que legítima lo maya como concepto étnico y la categoría política de pueblo. Los tratos teóricos cambian: los indios pasan ahora a ser mayas con historia; los dialectos saltan a idiomas mayas; de idolatría a espiritualidad maya; de brujos a guías espirituales mayas. También el AIDPI deja expreso el reconocimiento de de las identidades garífuna y xinca como distintivas y diferenciadas. De esa manera el multiculturalismo en Guatemala propone corregir los efectos de la política homogénea, reconociendo abiertamente la existencia de grupos culturalmente diferenciados dentro del Estado. Pero no aborda con ello la eliminación  de actitudes racistas o existentes  en la sociedad.

LA INTERCULTURALIDAD

El pensamiento relacionado con el  respeto y la promoción de la diversidad cultural ha evolucionado más allá del reconocimiento de la multiculturalidad, para llegar al fomento de la interculturalidad, abriendo la idea de un conjunto social único formado por una diversidad de grupos culturalmente definidos, se origina el planteamiento de la interculturalidad como una forma de entender la cultura del “otro”, para obtener convivencia armónica entre grupos y personas que interactúan, dialogan, y se encaminan a síntesis culturales.
¿Por qué apareció el termino interculturalidad?  En palabras de Malgesini y Gímenes (2000:253) citado por Pulido Moyano (2010:28):
“La aparición del término de interculturalidad o interculturalismo parece motivada por las carencias de los conceptos de multiculturalidad y multiculturalismo para reflejar la dinámica social y para formular el objetivo de nuevas síntesis socioculturales. Durante los años sesenta y setenta pareció bastar la expresión multicultural como sinónima de pluricultural. Pero recientemente y de forma paulatina, distintos autores -desde campos muy distintos como la sociología, antropología, psicología y pedagogía- han ido poniendo de manifiesto que la expresión multicultural puede reflejar, como una foto fija, una situación de estática social: el hecho de que una determinada formación social o país coexistan distintas culturas.”.
Según Alcina, Miguel Rodrigo (1999) citado por Acevedo, Saríah (2008:147) el término interculturalidad se origina en el ámbito  educativo y se expandió a otros campos, como la comunicación y la mediación. Su consolidación teórica surge con la aportación del antropólogo estadounidense Edward T. Hall, quien utilizó por primera vez el término interculturalidad en el año de 1959. Sus formulaciones de Hall se centraron en sus estudios, basadas sobre las percepciones que las diferentes culturas poseen sobre el espacio y la idea de proximidad que moldea sus relaciones.
De acuerdo a Tubino (2004) citado por Pulido Moyano (2010:28) la interculturalidad nace con objetivos distintos en contextos diferentes. En Europa el discurso sobre interculturalidad aparece vinculado a los procesos educativos dirigidos a los migrantes procedentes de las antiguas colonias, en América Latina el discurso y la práctica de la interculturalidad se originó como una exigencia de los  programas de educación bilingüe de los pueblos indígenas de la región. Como dice el autor, no es lo mismo plantear el problema de las relaciones interculturales en sociedades post-coloniales que en el interior de las grandes sociedades coloniales del pasado, como Europa.
La interculturalidad como propuesta de organización social y política tiene tres principios básicos, identificados por Giménez, citado por Acevedo, Saríah (2008:147):
·         El principio de ciudadanía (común o general) que implica la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades para todas las personas sin distinción.
·         El principio de derecho a la diferencia o ciudadanía diferenciada, que implica el respeto a la identidad y derechos de los pueblos y grupos socioculturales
·         El principio de unidad en la diversidad
Lo nuevo aquí es el último principio, que somos parte de un todo, pero que los diferentes grupos que la conforman tienen sus propias particularidades, visión de mundo, su espiritualidad, su idioma, sus formas de hacer cosas, que a veces  busca la complementariedad.
La interculturalidad es conocer la cultura del “otro” o de los “otros”, entendiendo, respetando, admirando culturas como mi cultura. Es una manera de comportarse, es actitud, es una propuesta ética, es vivir en humanismo. Un  aspecto que hay que resaltar en las diferentes culturas es el conocimiento que poseen, ¿cómo responden a sus necesidades? ¿Cómo resuelven sus conflictos? ¿Cuál es su organización sociopolítica? ¿Cómo enfrentan los problemas del siglo veintiuno? No hay culturas ni inferiores ni superiores ni tampoco  cultura de referencia para medir las otras.
Sin embargo el término en  Guatemala tiene significados bien particulares  que muy bien los interpreta el Informe Nacional de Desarrollo humano (2005:23) que lo indica así:
“…el término “interculturalidad” se ha convertido en el más utilizado dentro de este vocabulario, aumentado con ello la gama de significados y perdiendo claridad conceptual. Por un lado, es utilizado de una forma descriptiva, para referirse a cualquier tipo de relaciones o situaciones en que se encuentren o entren en contacto diferentes culturas. Pero ese mismo significado se vuelve normativo cuando “interculturalidad” se refiere a las relaciones cuando son armónicas, como se desea. Por último, se referiría a las políticas necesarias para llegar a esa situación.
Así, la interculturalidad plantea una nueva forma de entender las relaciones en la diversidad pero, por la cantidad de significados que se le da, corre el peligro de perder utilidad. Además, si bien implícitamente, la interculturalidad reconoce que las relaciones entre los grupos no son armónicas las acciones que de ella se derivan colocan a la diferencia cultural como la causa, dejando de lado o minimizando el hecho que las relaciones entre grupos son, en su origen y cotidianidad, básicamente asimétricas y desiguales en todos los ámbitos de la vida social. Algunos intelectuales mayas han manifestado su preocupación en el sentido de que, detrás del planteamiento intercultural, y en nombre de la “armonía” y la “convivencia pacífica”, se siga tolerando el racismo y la discriminación existente en la sociedad guatemalteca…”.
En todo caso, la interculturalidad es un deseo que apenas comienza a buscar espacios para su construcción, que no es fácil, tomando en cuenta que en Guatemala hay grupos dominantes, dominados (no necesariamente comparten la misma cultura), mayoritarios, minoritarios. Es algo que todavía hay que debatirlo, y teorizarlo.

LA INTERCULTURALIDAD DEMOCRÁTICA

Tomar en cuenta el contexto histórico y actual (se abordará de manera escueta) de los diferentes grupos étnicos existentes en el país es importante para realizar planteamientos de planificación del futuro.
En la época de la colonia existió   jurídicamente la República de Españoles formada por los colonizadores y criollos que dominaban la República de Indios en situación de subordinación. Generando una ideología étnica segregacionista con argumentaciones racistas donde lo blanco de la piel era símbolo de superioridad intelectual, espiritual y moral; lo Moreno (café), significaba “minoría de edad” y no se consideraban ciudadanos. Justificando así la explotación económica de los mayas.
En la independencia de la corona española se perfila el surgimiento del Estado nacional guatemalteco, adoptando planteamientos liberales suponiendo una nación homogénea, negando la existencia de cultura distinta a la oficial, que es de españoles y criollos: el idioma oficial será el castellano, el Estado será laico pero se mantendrá la religión católica, en lo jurídico el derecho romano y la forma de organización política. Además, se realizaron cambios en el discurso: quien antes se le denominaba indio ahora se llamará indígena; se impulsa la ladinización de los no indígenas, homogenizando a todas las personas que no eran indígenas. A partir de ahí, lo ladino se concibe como la negación, lo opuesto y lo superior a lo indígena, que representará lo occidental, lo moderno y lo nacional. También se impulsa la ladinización de los indígenas. Y el español, el criollo y otros extranjeros que en palabras de Rosenthal, Gert (2005:15) son los gremios de empresarios y/o grupos de presión de los sectores empresariales o como los llama  Casaus, Marta (1992:12) clase dominante y también oligarquía, desaparecen del escenario de enfrentamiento étnico y deja insertada en el resto de la sociedad la confrontación indígena-ladino. Entonces se caracteriza  Casaus, Marta (1992:21) una oligarquía mestiza en sus orígenes, ladina y etnocéntrica en su concepción del mundo, elitista y endogámica en su estructura familiar y que étnicamente se considera blanca y sin mezcla de sangre india.
Si se parte del supuesto que la población ladina tiene sangre española y local, entonces la clase dominante no se considera ni indígena ni ladina. Es grupo aparte, por lo tanto es un grupo étnico minoritario en Guatemala que posee el poder económico y también político.
En los diez años de la revolución de octubre, el Estado asume que el atraso de la población indígena (en ese tiempo también se le denominaba campesina) era su cultura, propugna por la integración de esta población, es decir, la ladinización. Política que aún no termina. Pero la integración suponía la finalización de las diferencias culturales. La finalización jurídica de esclavo de la población indígena favoreció que algunas personas se sometieran a la política de asimilación, pero la mayoría no.
En la actualidad tenemos entonces al pueblo maya, garífuna, xinca, ladino o mestizo ¿y los criollos?
Los criollos están organizados en cámaras empresariales, y su representación legal es a través del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras –CACIF-. Que su misión según su página electrónica es la siguiente “somos una organización representativa del sector empresarial organizado guatemalteco, incluyente, propositiva, moderna y en permanente articulación con los distintos espacios de la sociedad, para promover un país productivo cuyo crecimiento económico y desarrollo social se fundamente en: Economía de mercado, Democracia  y Estado de Derecho”. Además, hay que tomar en cuenta el espacio gubernamental que les ha abierto el Presidente Colon con el Programa Nacional para la competitividad.
 Desde el punto de vista da facto se habla de los grupos de presión de los sectores empresariales, que están conformados alrededor de 20 familias, Carlos Castresana ex director de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG-, en julio del año 2010 indicaba que Guatemala tiene un statu quo endémico de corrupción, con diez familias que son dueñas del país desde el tiempo de las colonias, y esa situación perdurará en el futuro, aunque ahora ha irrumpido un nuevo jugador: el narcotráfico, y Juan Luis Font en ese mismo mes (2010) indica: “como si fuera tan difícil establecer a qué grupos empresariales se les identifica como el G-8, refiriéndose al grupo de las 8 familias, pero dice que pueden ser más de ocho o diez familias”.
Es el mejor sector organizado del país a nivel de grupos de empresas, a nivel da cámaras empresariales  y otros gremios, y a nivel de federaciones de gremios. Con su misión y objetivos bien claros.  Algo que hay que tomar en cuenta, son sus contactos y recursos económicos que dan peso a su influencia.
Las familias dominantes están interrelacionadas por las actividades económicas como la agrícola, básicamente de exportación, el comercio, las finanzas, la industria, la construcción y otras, es decir, posee el poder económico en el país y les interesa el poder político.
No es extraño que la oligarquía o clase dominante utilice su influencia en defensa de lo que percibe como sus propios intereses como ocurre en cualquier sociedad, es decir, emplea su influencia para modelar el alcance y contenido de la política pública en cierta  dirección que satisfaga los objetivos del empresariado a cualquier costo.
Los empresarios también son ciudadanos guatemaltecos porque nacieron en este país aunque se consideren descendientes de países europeos. Hay algunos empresarios de pura cepa que tienen doble nacionalidad hispano-guatemalteco como el caso del ex Ministro de Gobernación Carlos Vielmann, acusado por la muerte de presos durante su gestión. Escándalo que se conoció en el mes de diciembre del 2010. Por su condición de ciudadanos pueden participar  en diversas agrupaciones de la sociedad civil. Y aún más relevante, pueden participar en partidos políticos y por medio de estos acceder al poder. Esta es una manera de influenciar en la política pública. El empresariado como grupo de presión frente al Estado puede influir involucrándose de manera directa en la actividad política pasando por la mediación de los partidos políticos y por el voto popular.
Con el poderío económico que cuenta la clase dominante y su particular interés para influir en la política pública, se podría pensar que si les interesa financiar a los partidos políticos o crear sus partidos políticos, que son considerados como empresas que se les invierte para generar ganancias, ¿cómo se logra esto? Posiblemente poniendo a personajes en ciertos ministerios, por ejemplo, en el Ministerio de Finanzas Públicas, Ministerio de Energía y Minas, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación, tener el control en la Junta Monetaria que constitucionalmente su formación es Corporativa. También les interesa el qué hacer del Congreso de la República porque ahí emanan las leyes, y otras instituciones para orientar la política pública en dirección a defender sus intereses y/o privilegios. Y dichas prerrogativas son mucho mayores que la inversión. En palabras de Rosada Granados, Hector (1987:188-196) Este sistema de partidos se ha venido dando desde hace años,…de cómo los sistemas de partidos han ido obedeciendo a las veidades del bloque en el poder y de la estructura de autoridad… existe toda una estructura de poder que condiciona el ejercicio del gobierno.
Por cierto, en los últimos gobiernos han permitido que se nombre a una persona “indígena”  por un periodo de tiempo en el Ministerio de Cultura y Deportes,  ¿será que a los pueblos indígenas sólo ese ministerio les interesa?
Si se parte del supuesto que la clase dominante está conformada alrededor de  20 familias, son pocos en relación con el resto de la población entonces ¿Cómo hacen para ganar las elecciones? Aquí hacen valer su poderío económico y entre varios factores probablemente confían demasiado en el marketing. Para saber cómo funciona, acudimos a la experiencia de Domingo Leiva (2011) experto en el tema que nos dice:
“Asumido por casi todos que quienes gobiernan las grandes cuestiones son “los mercados” y que fuera de su lógica no hay alternativa política, lo importante para un candidato es preparar una estrategia de marketing de carácter emocional. El programa ya casi no interesa a nadie. El ciudadano pasa a ser considerado un consumidor, parte de un público objetivo en el plan de comunicación. Los sondeos y estudios motivacionales son la guía. Ganará quien mejor interprete los sentimientos. Emociones y expectativas de los grupos diana.
Se trata de montar un argumentario que produzca la identificación de los electores-consumidores con el candidato-producto que lo desarrolla. Porque el ciudadano, envuelto en esta dinámica, ha asumido que su papel no es el de agente activo dentro de la sociedad, sino el de cliente de una mercancía política que le van a vender.
Espera que le digan lo que quiere oír (el cliente siempre tiene la razón), que el candidato se presente con un buen embalaje retorico, estético y ético. Lo importante del nuevo “líder-producto” no es que sea inteligente y racionalmente eficaz; lo realmente relevante es que sea atractivo, empático, afectuoso, llano, cercano y alcanzable.
Los contenidos adquieren forma de slogan, que hace referencia a rasgos personales del líder-candidato. Las frases llave se repiten mil veces hasta conseguir que se fijen en la mente de la mayoría de la población (“una mentira repetida el suficiente número de veces se convierte en una verdad absoluta” decía Joseph Goebbels profeta de la comunicación política actual).”.
Con lo anterior posiblemente se pueda entender por qué la publicidad electoral está presente casi todo el tiempo, aunque esta sea ilegal y también el papel que juegan los medios de comunicación  como la televisión “guatemalteca” abierta y por cable, la radio y la prensa escrita. ¿Quienes sostienen financieramente estos medios?  En un alto porcentaje las grandes empresas pertenecientes a las 20 familias, que durante el proceso electoral los utilizan para sus intereses.
A todo esto ¿cómo se relaciona la interculturalidad con la democracia? Si partimos que la diversidad cultural deberíamos abordarla desde el punto de vista positivo, hay que reconocer que somos un país multicultural desde antes que naciera el Estado guatemalteco, donde predomina el conocimiento occidental, sin embargo,  existen saberes locales y uno de ellos es el Maya, con una historia gloriosa y sometida, pero viva. La interculturalidad debería ser llevada a los partidos políticos[1] por medio del conocimiento indígena, se supone que los mejores portadores de ese conocimiento son los ciudadanos de los pueblos indígenas (xinca, garífuna y maya), para dialogar democráticamente con diversos saberes. Ese diálogo debería reflejarse en el escenario electoral con comportamientos donde se respete a la persona y a colectivos de ciudadanos, pero también, en el ejercicio de gobierno, materializado en las políticas públicas, es decir los privilegios deberían llegar a la sociedad diversa, y así empezar a construir el Estado Intercultural guatemalteco[2].
En ese diálogo de saberes, en algunos casos probablemente haya complementariedad en   conocimientos e intereses, en otros casos, serán radicalmente opuestos, sin embargo el diálogo hay que mantenerlo. Y para ello es necesario más organización y/o coordinación de los pueblos indígenas con capacidad de propuesta y de presión.
Un camino es exigirles a los partidos políticos existentes que dejen de ser monoculturales e inicien su proceso a la interculturalidad democrática y,  posiblemente otro sería que los pueblos indígenas generen su propia representación política con carácter intercultural. Porque incorporar personas indígenas (sin el conocimiento de su pueblo) a planillas donde prevalece el conocimiento y práctica occidental, es una burla para los pueblos indígenas.
Con todo, esto intentaré indicar qué entiendo por interculturalidad democrática: es la participación de personas étnicamente diferenciadas en conocimientos, participando en  organizaciones  que legalmente puedan acceder al poder político, para que los saberes estén al servicio de toda la sociedad materializados en las políticas públicas y así tener pueblos con mejor calidad de vida, más humanos, con más conocimientos para enfrentar de mejor manera los retos de los nuevos tiempos.
Si hay un partido político  que proponga la interculturalidad democrática le ofrezco mi voto.

Referencia bibliográfica
Acevedo, Saríah. (2008) “La interculturalidad: sus orígenes como concepto y sus diferentes interpretaciones” El Librovisor. Ediciones alternativas del Centro Cultural de España en Guatemala
Casaus, Marta. (1992) “Guatemala: Linaje y Racismo” FLACSO, Costa Rica
Font, Juan Luis (2010) “Las diez familias” elPeriódico, 16 de julio
Leiva, Domingo. “Candidatos-producto y electores-consumidores” Teleprensa, Almería, 14 marzo 2011
Malgesini, Graciela y Giménes Carlos. (2000) “Pluralismo cultural” Catarata-Comunidad de Madrid, Págs. 323-327
Perez Gómez, Ángel. (2006) “La función educativa de la escuela en la sociedad de la información” POP UNIA, Almería
PNUD. (2005) “Diversidad étnico cultural: la ciudadanía en un Estado plural” Informe Nacional de Desarrollo Humano. Guatemala
Pulido Moyano, Rafael. (2010) “Sobre el significado y los usos de los conceptos de interculturalidad y multiculturalidad” En T. Fernandez y J.G. Molina (Coords.) Revista Ciencias Económicas, Quetzaltenango
Rosada Granados, Hector. (1987) “Los partidos políticos en el sistema político guatemalteco”  ASIES,  Guatemala
Rosenthal, Gert. (2005) “Empresariado, Política y Estado” Magna Terra Editores, Guatemala.


[1] Se debería trasladar también al campo educativo (incluyendo la educación superior y postgrados), al campo de la salud, al campo del empleo, al campo de la sociedad.
[2] En nuestro medio casi no hay estudios sobre este tema.

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